Articulo de “El Confidencial”

Los escorts masculinos: por qué las mujeres se aficionan al sexo de pago.

No hay duda que los gigolós o escorts masculinos encuentran formas de vender su cuerpo, no sólo a otros hombres, si no también a las mujeres. En la actualidad, ellas disponen de un amplio espectro de servicios sexuales de pago y cada vez los piden más, eso dicen los datos.

Simple compañía o sexo sin compromiso, internet y otras plataformas digitales se han convertido en el medio más rápido y efectivo para contratar hombres a cambio de dinero. Rose Troup Buchanan recoge en el Independent los resultados de una investigación llevada a cabo entre las universidades de Lancaster y la Metropolitan de Manchester, que muestra que el número de acompañantes masculinos en Reino Unido ha aumentado casi un tercio desde el año 2010.

¿A qué se debe este incremento de la demanda? ¿Es quizás una muestra de mayor igualdad entre hombres y mujeres en cuanto a demanda de sexo, o es quizás que ellas encuentran en este tipo de servicios algo que no les ofrecen las relaciones reales? Los investigadores creen haber encontrado la respuesta.

Puestas a pagar, asegúrate de llevarte algo realmente bueno. (Corbis)

El estudio, dirigido por las doctoras Sarah Kingston y Natalie Hammond, encontró que la media de anuncios de hombres ofreciendo sus servicios de compañía ha aumentado de un 5% (una media de 246) en 2010 a un 15% (alrededor de 732 anuncios) durante el pasado 2014.
Tras ver estos datos, los investigadores se plantearon a qué se debe el aumento del consumo de prostitución masculina y trataron de establecer un perfil estándar sobre las mujeres que pagan por sexo. “Estamos tratando de encontrar las motivaciones y experiencias de las mujeres que reservan acompañantes; quiénes y dónde compran sexo y conocer a fondo cómo se negocia con la seguridad y la intimidad física de estos encuentros”, comenta Kingston.
¿Qué piden las mujeres de los Escorts Masculinos?
Los hallazgos iniciales de la investigación, que forma parte de un proyecto más amplio llamado Women Who Buy Sexual Services in the UK, encontraron que las mujeres que pagan por sexo son de todas las edades y la mayor parte de ellas suelen ser solteras.
Los investigadores, que contaron con la participación de 21 escorts masculinos que trabajan actualmente para averiguar qué es lo que buscaban sus clientas femeninas al contratar sus servicios, concluyeron que “la razón principal de la transacción económica a cambio de compañía o sexo se debe a que les falta tiempo para mantener una relación de pareja”.
“Los encuentros casuales o los romances pueden ser complicados; contratar un escort masculino ofrece control, la oportunidad para experimentar sexualmente y la exploración de fantasías sin el miedo de ser juzgado por el compañero”, señala Clarissa Sebag-Montefiore en un interesante artículo publicado en Aeon.
Internet ha permitido el anonimato y la seguridad de que el producto realmente merece la pena.
De hecho, este tipo de servicios se encuentran en portales y webs especializadas o en anuncios específicos. A diferencia de los hombres que contratan prostitutas, las mujeres no acuden a clubes en busca de sus acompañantes sino que eligen desde la intimidad con quiénes quieren encontrarse antes de salir en busca de un acompañante.
Altura, complexión, edad, origen e incluso aficiones o especialidades –entiéndase, en la cama–, son algunos de los rasgos que ellas pueden averiguar antes de solicitar los servicios de un escort masculino. Algo así como buscar al príncipe azul, aunque sea para unas horas o días y a la carta. “El proceso de selección es algo diferente al masculino”, explica Sebag-Montefiore: “tiene más que ver con la posibilidad de elección del hombre ideal que la mera satisfacción de los deseos”. De ahí que sus servicios sean mucho más caros y que los procesos de selección para entrar en este sector también sean mucho más duros para ellos.
Calidad vs. cantidad
Por lo general, la prostitución masculina suele estar directamente relacionada con mujeres con un alto poder adquisitivo. Su consumo –mucho más habitual en Occidente– está asociado al lujo y conlleva el desembolso de grandes cantidades económicas. Están dispuestas a pagar por un producto de calidad por lo que no se cortan en exigir determinadas características y, sobre todo, discreción en la contratación de sus servicios.
‘La razón principal de la transacción económica a cambio de compañía o sexo se debe a que les falta tiempo para mantener una relación de pareja’
“Las agencias de Internet han permitido no sólo el anonimato de los encuentros amorosos, sino también la seguridad de que el producto por el que se está pagando merece realmente la pena”, comenta Sebag-Montefiore. Como si de contratar un pack vacacional se tratase, en las páginas web especializadas pueden encontrarse además comentarios de otras usuarias o los exámenes médicos de los hombres disponibles para aclarar todas las dudas antes de tomar una decisión.

Articulo “El Confidencial”

“Tengo más de 50, aparento 40 y mi vida sexual es activa. Este es mi plan de ataque”

“La cantidad de respuestas que reciben mis perfiles es increíble. Al ver mis fotografías me contactan hombres de 22. Y sí, casi podría ser su abuela”. La historia de Laurett Fenn

“Me siento más joven. De hecho, me siento más sexy que cuando tenía 30 años y a veces me olvido de mi edad real”. Bajo el pesudónimo de Laurett Fenn, esta mujer ha decidido relatar en el rotativo ‘The Sun’ su historia. Y no se trata de una típica madurita de buen ver que mantiene relaciones con chicos jóvenes. Son las confesiones de una ninfómana menopáusica.
Cuando envejecer es la llave del placer…
“Después de cuatro años en una relación de fidelidad sin sexo, me encuentro agonizando en la ninfomanía después de haber pasado la menopausia. Quiero sexo más que nunca y, de hecho, no he sentido nada parecido a ese estado de tristeza postfertilidad del que hablan. Mi vagina debería ser un desierto pero más bien es un oasis”.
A sus más de 50 años, luce un físico envidiable. “Puedo estar más cerca de los 60 que de los 50, pero una vida de cuidarme y una buena genética se traducen en que puedo pasar por 42 años, y lo hago”. Precisamente gracias a la menopausia, y al contrario de lo que suele ocurrir a la mayoría de las mujeres, Fenn perdió algo de peso y hoy luce bastante más delgada que cuando tenía veinte años.
Lejos de haberse convertido en un bicho raro, Fenn asegura que sus conocidos le animan a descargarse aplicaciones y apuntarse a páginas web de citas para saciar su desbordante deseo. “Mis amigos homosexuales y heterosexuales son los que aprueban mi foto de perfil. Después me conecto esperando que alguien me contacte. Siempre pongo un radio cercano a mi oficina y escojo el rango de edad masculino más amplio que se permita. Y a esperar”.
Sus impresionantes fotos llaman la atención de decenas de varones en poco tiempo. “La cantidad de respuestas que reciben mis perfiles es increíble. Al ver mis fotografías me contactan hombres de 22. Y sí, casi podría ser su abuela. Mi ‘time line’ en redes sociales está lleno de fotos de hombres con cuerpos esculturales, criaturas tan hermosas que me quedo sin aliento al verles. Es como si tuviese ante mi una caja de bombones de la que puedo escoger y elegir el que quiera”.
“Cuanto más tiempo paso usando aplicaciones me vuelvo más audaz. Ahora probablemente soy adicta, comprobando a menudo mis perfiles de Instagram, Facebook, Twitter y Snapchat. A veces bromeo cuando estoy tomando algo con mis amigos y veo pasar a algún desconocido y le pregunto descaradamente ‘¿yo no te he visto en Tinder?’”.
Podría ser su madre (o abuela)
“Nunca pensé que me iban a gustar los hombres jóvenes, pero me encantan. Y no sólo por su impresionante nivel de rendimiento. Me encanta su esperanza, bondad y el interés que muestran en mi. Sobre todo me gusta que estén seguros de si mismos y sean felices y que saben mucho más sobre sexo de lo que deberían. Un chaval de 25 años hace cosas que no sabía que eran posibles”, relata, y reconoce que su forma de ser le resulta de lo más atractiva. Pero ella sabe racionalizar y tiene los pies en la tierra: “Sé que están aquí por la misma razón que yo. Eso es lo único que tenemos en común”.
Cada vez más personas de mi edad se están contagiando de ETS pero yo quiero seguir siendo un vampiro sexual
Sin embargo, pese a la gran cantidad de encuentros sexuales que mantiene, no es capaz de sentirse completa: “He quedado para tomar copas con hombres más jóvenes que yo y algunos mayores. Estas citas me ayudan a reforzar mi confianza pero no sacian mis problemas de rendimiento sexual”.
“Volver a meterse en el juego del sexo después de la menopausia es más difícil que la primera vez, cuando los únicos requisitos previos eran llevar puesto tu mejor vestido y emborracharte. De hecho, tengo que estar lista y cuidarme mucho más. Por primera vez en mi vida, compro lubricante para mí y no para el coche”.
Pese a que, gracias a su edad, está exenta de que su intensa vida sexual se traduzca en un embarazo no deseado, Fenn comenta que su médico le advierte a menudo que no olvide utilizar protección: “Cada vez hay más personas en mi edad se están contagiando de ETS pero yo quiero seguir siendo parte de esta vanguardia de vampiros sexuales que se niegan a morir”. Hace unos meses le diagnosticaron vaginosis bacteriana, una dolencia común que desarrollan algunas mujeres y no resulta contagiosa para los hombres. “Me tomo mi tableta de pastillas y estoy completamente lista”, asegura.
Una adicción enfermiza
“A menudo me preguntan si prefiero a los hombres jóvenes y siempre respondo que ‘lo importante es el hombre no su edad’. Estas citas me ayudan a reforzar mi confianza pero no sacian mis problemas de rendimiento sexual”, asegura Fenn.
Es consciente de que su excesivo deseo sexual clínicamente diagnosticado como ninfomanía no es normal, y hace tiempo que asiste a una terapia profesional para trabajar su obsesivo problema. “Estoy aquí para recuperar mi vida y para mí eso significa, en concreto, recuperar mi confianza sexual”. Tengo que encontrar una manera de practicar relaciones sexuales hasta que me muera. No vale la pena vivir sin esa oleada de deseo y placer. Estoy luchando contra la muerte sexual que la menopausia trae automáticamente. Me niego a perderme en su sombra”.
Pese al enorme placer que siento cuando caigo en los brazos de algún hombre, soy consciente de que mi tiempo es limitado
“Me preocupan las enfermedades. Me preocupa que mi suelo pélvico vaya a ceder como una mina chilena”, confiesa. ¿Su truco para mantenerse sexualmente joven? Entre otras cosas, realiza a diario ejercicios Kegel y cuenta con una “máquina milagrosa con la que mi vagina vuelve a la vida como si hubiese usado un desfibrilador. La tengo tan fuerte que casi podría escalar a los árboles con ella”.
Mientras la menopausia y la postmenopausia aniquila gran parte de la necesidad sexual de muchas mujeres, Fenn siente más deseos que cuando tenía 20 años. Algo que podría resultar de lo más excitante si fuese capaz de controlarlos. “Pese al enorme placer que siento cuando caigo en los brazos de algún hombre, soy consciente de que mi tiempo es limitado. Los tipos raros, los ‘bellezones’ y los solitarios no pueden seguir siendo el centro de mi vida. No tengo ni idea de hacia dónde me lleva todo este sin fin de placer inimaginable, pero tengo que averiguarlo”.

Cómo masturbar a una mujer para que cuando acabes no sepa ni su nombre… “Código Nuevo”

Recuerdo la conversación que tuve con un amigo mío cuando tenía 15 años. Aquel chico, todo inocencia, me dijo: “Las mujeres tenéis muchos botones ahí abajo y no sé cuál tocar”.  La verdad es que ni un pene no es más fácil que una vulva, ni estamos llenas de botones. De hecho, solo tenemos un ‘botoncito’ que si lo tocas (nada de apretar) nos llevará al clímax sin escalas. Pero, es cierto que muchos hombres no saben cómo dar placer a una mujer o, al menos, se les hace difícil masturbarcon los dedos a su amante para que llegue al orgasmo. A veces es tan sencillo como conocer algunos truquitos y técnicas. Sobre todo, recuerda que la práctica hace la perfección 

Poquito a poquito, suave suavecito

Es importante ser conscientes de la anatomía femenina y de lo delicada que es. Según Canela Anahí, educadora sexual para adultos, “el clítoris mide entre 8 y 10 centímetros y es el único órgano dedicado exclusivamente al placer”. Contiene muchísimas terminaciones nerviosas y únicamente vemos un tercio de su tamaño real. Es decir, el clítoris abraza el interior de la vagina, de ahí que muchas veces, durante la penetración, se estimulen los brazos del mismo.

“Lo que comúnmente se conoce como clítoris, es en realidad, el glande del clítoris”. Toda la vulva es sensible a las caricias y al tacto, aunque resulta especialmente satisfactorio cuando la zona está lubricada. Para ello, se necesitan unos buenos preliminares. Besos, caricias por el cuerpo, mordisquitos, y ese largo etcétera ideal para calentar el ambiente. Muchas veces a esa lubricación le cuesta un poquito salir. Introduce brevemente tu dedo en la entrada de la vagina, mójatelo y acaricia suavemente el clítoris. En caso de que la chica no lubrique mucho o queráis ir directos al tema, usa un lubricante de base acuosa o tu propia saliva.

“Lo primero es situarse en la vulva y poner la mano encima para ver qué le gusta a la persona, conocer a qué distancia está la entrada de la vagina o saber si es más o menos sensible a la presión”, afirma Canela. “No vayas directamente al glande del clítoris hasta que no veas que los labios mayores han aumentado de tamaño“, reitera Canela. Si colocas los dedos justamente encima del glande del clítoris y no está excitado, puede resultar molesto.

El movimiento clásico es situar el dedo índice y corazón encima del clítoris y realizar círculos, pero también puedes probar desplazarte de un lado a otro o pinzar ligeramente el glande del clítoris y moviendo los dedos arriba y abajo para generar roce.

Nuevas técnicas para un orgasmo inminente

Comprueba que la zona está siempre lubricada y sobre todo, mantén un contacto visual con tu pareja. Debes comprobar si lo que le haces le está gustando o si tienes que modificar tu postura. Pero sobre todo, debes notar a tu amante y percibir si está tensa o no. Muchas mujeres se ponen nerviosas durante el sexo y eso hace que sea imposible llegar al orgasmo. Si ese es el caso, no dejes de acariciarle relajadamente la pierna, la barriga o la cabeza mientras realizas la masturbación.

Recorre con los dedos los labios mayores y menores.Es tan sencillo como situarse en frente del clítoris, separar el dedo índice del corazón y recorrer el interior arriba y abajo, deslizándolos con cuidado. “Los labios son súper placenteros, sobre todo justo antes de que empiecen a sobresalir. Para proporcionar placer lo que hay que hacer es presionar y deslizar”, según dice Canela.

Olvida todo lo que has visto en las películas pornocomo dar golpecitos encima del clítoris (¿?) o mover la mano de un lado a otro a velocidad espacial. Eso DUELE. La velocidad es positiva pero muchas veces, implica fuerza. No nos damos cuenta y estamos apretando el clítoris mientras intentamos ir más rápido. “También puede suceder que con la velocidad perdamos la zona clave para la masturbación y acabemos tocando la ingle o la pierna“, dice Canela. Para nosotras es la peor pesadilla sobre la faz de la Tierra (¿A ti te gustaría que te hicieran una paja súper rápida y fuerte? Nope).

El punto G, la guinda del pastel

Como bien hemos anunciado al inicio del artículo, el clítoris abraza el interior de la vagina. Por lo tanto, existen zonas muy sensibles que pueden hacer estallar de placer a tu compañera. Asegúrate de introducir los dedos cuando la excitación esté por las nubes. “Prueba con el petting, es decir, situarte en la entrada de la vagina con tus dedos pero sin llegar a pentrar. Eso es súper excitante”, afirma Canela. Empieza con un dedito y después, si notas que la vagina está muy dilatada, introduce el otro. Ve directo al el punto G. Para encontrarlo, es muy sencillo: introduce tu dedo con cuidado con las yemas hacia arriba. Notarás el hueso pélvico. Rodea el hueso hacia arriba, como si quisieras llegar al ombligo. Esa zona es la conocida ‘zona G’, y allí se encuentra el punto G.

Puedes hacer movimientos rotatorios hacia un lado y hacia el otro, como si rebañarás el bote de Nutella.También puedes variar la presión en la zona. Pero recuerda: a nosotras el ‘mete-saca’ no nos produce placer en exceso (a algunas, ninguno). Son las terminaciones nerviosas situadas en el interior de la vagina lo que nos lleva al éxtasis. A todo esto, más del 90% de las mujeres somos clitorianas, es decir, que nos corremos gracias a la estimulación del clítoris.Es por eso que no debes dejar de acariciar el clítoris al mismo tiempo que penetras con los dedos. Si esto te resulta difícil, hazte con una bala vibradora pequeñita o pídele que se masturbe ella mientras te centras en el punto G.

Cuando empiece a gemir y a mover la pelvis hacia delante, incrementa el ritmo de la masturbación. Una vez llegue al orgasmo, deja de acariciar la zona (a no ser que sea multiorgásmica), ya que se vuelve sensible de forma inmediata y molesta un poquito, como cuando te acabas de realizar una paja y no puedes ni tocarte el glande. Recuerda que cada mujer es única y cada cuerpo es diferente, por lo que te recomendamos que dediques unos minutitos a descubrir, palpar y preguntar lo que le gusta a tu compañera. Lo demás, es ‘pan comido’. ¡A la aventura!

Una experiencia que compartir

Article

“Contraté a un Escort masculino para asistir a una cena … Esto es lo que pasó”

I Hired A Male Escort To Attend A Dinner Party… Here’s What Happened

My name is Sheena. I am a 24-year-old woman who is perpetually single.
I am also Indian-American. My parents left India for America in their mid-20s to give their future children opportunities they themselves didn’t have.
Most days, I’m proud to be a second-generation American. But then I have days when I crack under insurmountable pressure to lock things down with a guy.
I’m about to unapologetically become a single 25-year-old, and not only is my biological clock screaming, so is my pushy extended family.
See, in my culture, if you aren’t well on your way to being a wife, a mother and a doctoral candidate by the age of 27, there’s something wrong with you. And if you aren’t looking for a guy, your parents will arrange one for you.
But I’m single, a writer, and did I mention single? So when my cousin — who regularly chastises me and my penchant for dating unavailable men — invited me to his 27th birthday party, I hesitated at first, knowing I’d be mainly among couples.
I wanted to bring a guy with me to spite my cousin, but there was no one in sight: I currently am not dating anyone seriously, and the only male friends I have are gay or straight and taken. I live in No Man’s Land.
And then I had a stroke of genius: I would hire someone to pose as my boyfriend for the night.

Now, I know what you’re thinking: this Sheena chick must be A) high, B) butt-ugly or C) hands-down the most desperate single woman in New York to have entertained such an idea. I’m none of those things. The correct answer is D) tired.
I’m straight-up worn out from hearing, “You’re pretty cool and smart, so why can’t you find a guy?” Society condones asking women questions like this without stopping to consider how they feel.
Well, I wanted to f*ck with society. I wanted to change the rules. I reached a point where I was so bored with my love life that I was willing to try anything once.
I could have gone on Tinder. I could have picked someone up at a bar (my tried-and-true tactic). I could have even asked my gay friend to accompany me and fake being a straight dude for the night — but those options were too easy.
If I was going to do this, I was going to do this right. So, on my own volition, I dropped $350 on a male escort from Elite Male by Julia Vega. Yes, you read that correctly. I rented a gent.
The Agency is a male escort service that “rents out” attractive men for a hefty price. My first choice was a hot, brown-haired guy with a man bun, but he was unavailable. So Elite Male by Julia Vega sent me my runner-up, accommodating my demands quite nicely: His name was Alec. He was a Mormon from Utah, and he’d come to New York to be a model. Nearly a foot taller than me, he stood at an impressive 6’5” and had the arms of an Olympic swim champion.
He smelled like heaven. There was no question: The guy was strikingly handsome (a little too handsome, if you ask me. I’m no Angelina Jolie, and I wanted a guy beautiful enough to induce envy — but mediocre enough to squash suspicion).
Still, we made a handsome-as-hell faux couple.He met me a block from the restaurant, giving me just a minute to get him up to speed on my life. I told him I’m a journalist determined to get a good story, and fortunately, he didn’t run for the George Washington Bridge. He was mine for an hour.
“You’re sweet,” he said. “You shouldn’t have to do this.”
“I don’t have to,” I said. “But I want to.”
We approached the curb outside the restaurant, where my cousin and his friends were already standing. I went down the line and introduced my date. They shook his hand in awe and approval.
“See that guy over there?” I whispered to Alec, pointing to my cousin’s friend. “We’ve had crushes on each other forever, but he won’t make a move.”
“Got it,” he said. He began massaging my neck and calling me “babe” in an obnoxiously loud voice. I giggled. I didn’t even have to look at my cousin’s friend to feel his jealousy; I felt it like a heat wave. I know that it was all so childish of me — but it was also pretty damn brilliant. After taking our seats at the table, a steady stream of sangria began to flow. I scanned the room in search of clues that might have threatened my credibility: a snicker here, maybe a weird stare there. There were none. And then I realized something: My plan was actually working.
Alec was humble but charming. He liked to surf, and he disliked TV, calling it “toxic.” He was a gentleman in every sense of the word (maybe because I was paying him to be). He helped me with my coat and placed his hand on my leg every so often.
I’ll never know if he was genuinely a good guy — or just a great actor — but it was still nice to be treated like a lady.
I’d never fallen for a guy like Alec, but I found his lack of complication intriguing. His confession that he wanted to get married someday (as we sat among many afraid-of-commitment Millennials) was refreshing. I don’t know if it was the alcohol or the fact that he was unavailable, but I fell in love for the night.
“I’m just your project,” he’d joke. He had a point. Though, later on, the thing felt so natural that I forgot I’d hired someone to pretend to love me.
Three glasses of wine into the night, I sat back in my chair heady from the tapas and happiness. I was the envy of everyone in the room. Alec was the guy every girl wanted to be with, and every guy wanted to be his friend.
When the party died down, my cousin pulled me aside. “I’m proud of you,” he said. “You found someone who deserves you.”
There it was: the validation I’d always craved. It was ear candy. It was a kind of acceptance I’d never felt before, and its impermanence didn’t detract from my satisfaction.
I waved goodbye to my cousin’s friends and grabbed my date’s hand. He locked his fingers into mine; it felt nice. And though I didn’t look back, I knew everyone watched us go.
As midnight crept up, we prepared goodbyes.
“So… Wanna come to my apartment? I’m just gonna drink on the rooftop,” he asked.
For a second, I actually considered it. I mean, I was drunk, and he was cute. But something told me that if I went home with him, I wouldn’t forgive myself for the rest of eternity.
I respectfully declined.
“Oh,” he went on, “and I won’t charge you for those extra two hours.”
Sh*t. He had stayed for a total of three hours; I didn’t realize until he said it. Phew, I thought, wiping dribbles of sweat from my forehead.
I wouldn’t have been able to afford him any longer than an hour, anyway. I’d be stuck doing Operation Wash-A-Dish to pay off Elite Male by Julia Vega for the foreseeable future.
All in all, I had a fantastic evening. I ate food, fooled a party of 16 and learned that my heart is resilient even after enduring insufferable heartbreak.
Now, a week later, I find myself missing the idea of the man more than I miss the actual man. Y’know, those little things — calling me “babe,” eating off my plate.
Was it nice having a pretend boyfriend for the night? You betcha. Will I ever rent a gent again? Probably not.
…Then again, never say “never.”

“Un escort masculino revela qué le piden sus clientas en la cama” autor: E. Zamorano (El Confidencial)

Un joven londinense anónimo lleva tres años haciendo realidad las fantasías más inconfesables de cientos de mujeres y su círculo más íntimo lo ignora

Ser lo que sus clientas quieren que sea. Así se gana la vida un joven escort masculino británico que responde al seudónimo de Lothario. Ya sea navegar por el Mediterráneo con damas de alto postín a ser su esclavo y cumplir cada una de su fantasías incluida la de mantener relaciones sexuales en balcones y sitios públicos. Después de tres años en activo, presume de haberse acostado con más de 300 mujeres.

“Siempre me encantaron las mujeres y el sexo”, afirma en una entrevista concedida a Las Bible. “Estaba conectado a Internet y pensé: ‘¿Por qué no lo pruebo?’. Así que subí una foto de perfil con una biografía y después de dos semanas ya tuve mi primera cliente. Ahora, en la actualidad, puedo llegar a ganar 10.000 libras en un mes (aproximadamente unos 11.594 euros). Como mínimo, 4.000 (unos 4.637 euros)”.

Le gustaba asumir el rol de dominada. Eso es porque era jefa de una gran empresa y estaba acostumbrada a que todos la obedeciesen

Lothario lleva su profesión con sumo secreto y recelo. “Solo un amigo sabe a qué me dedico”, señala. “Normalmente siempre estoy ocupado así que es algo que no contaría a nadie. No lo sabe ni mi familia, aunque he de reconocer que muchas veces puede ser muy difícil de ocultar”. El sitio web en el que se anuncia se llama Gentlement4Hire y el proceso de conseguir clientes es bien sencillo: las mujeres contactan con él a través de su perfil, intercambian mensajes con fotos y más tarde pasan a las sugerencias sobre lo que busca por el servicio.

 

Aunque por lo general desean prácticas muy convencionales, son muchas las que le pagan para cumplir alguna de sus fantasías más salvajes. “La petición más extraña fue cuando una empresaria de mucho éxito quería que fuese a su oficina vestida como una entrenadora personal. quería una experiencia similar a las 50 sombras de Grey, en realidad fue muy divertido”, explica.

“Ella desempeña un papel muy poderoso en su empresa, por eso quería que la dominase”, relata. “Es la persona que siempre toma todas las decisiones, todos la obedecen. Simplemente le gustaría estar en el otro lado. En total, duró unas cuatro horas”. Pero evidentemente, siempre hay cosas que no está dispuesto a hacer. “Un tío se puso en contacto conmigo para que tuviera sexo con su esposa mientras olfateaba mis zapatos y mis pies. Insistió durante mucho rato para hacerlo pero al final tuve que bloquearlo porque realmente no me gustaba nada la idea”.

Muchas de las mujeres a las que asisto están muy solas, algo muy típico en Londres

“Hay personas que disfrutan viendo a su esposas o novias con otro hombre”, agrega Lothario. “En realidad, muchas de ellas. Sé que la gente podría pensar que hay algo extraño en eso. Recibo muchas peticiones extremas que en la vida cotidiana podría hacer con mi pareja, pero no con un fin profesional. Por ejemplo, algunas personas han querido ser grabadas mientras mantenían relaciones sexuales a través de Skype para que su esposo lo vea, pero al final necesito ser muy cauteloso y reservado con mi privacidad”.

En los últimos tres años, el gigoló ha vivido cómodamente gracias a los pingües beneficios que su empleo le granjea y se ha hospedado en los mejores hoteles de algunos de los países más exóticos del mundo. “He estado en todas partes. Lo que pasa es que cuando tienes clientes que se convierten en habituales casi podría decirse que te conviertes en su novio”, incide. “He estado en casi todos los países de América Latina y Europa. Vas a fiestas, bodas… He estado navegando por Creta durante dos semanas”.

Algunas se han separado de su novio o están divorciadas y quieren volver a tener un ligue

“La cita más divertida que tuve fue en las Malvinas”, narra. “Fuimos a un resort increíble a pasar diez días y fue muy entretenido. En Las Vegas dimos un paseo en helicóptero por el Grand Canyon un día entero. No he hecho algo así en mi vida. Son mujeres muy adineradas que muchas veces pagan por encima del precio acordado. Al final te acostumbras y sabes que sería muy difícil dejarlo”.

Y aunque todavía no le ha descubierto su círculo más íntimo, sabe que debe mantener un ojo alerta. “Nunca me han pillado. Normalmente quedo con mujeres que no viven en Londres y solemos irnos a un lugar apartado. Siempre está el temor a que te descubran”, asegura. “Muchas de las mujeres a las que asisto están muy solas, algo muy típico de una ciudad como Londres. Otras simplemente están descontentas con su vida amorosa. Algunas se han separado de su novio o están divorciadas y quieren volver a tener un ligue, pero no soportan la idea de tener un perfil en Tinder o apps del estilo”.

Artículo “Así es la vida de un gígolo” en El Periódico por Mar Martínez Turallols (25/8/2019)

Así es la vida de un gigoló

Tres acompañantes de lujo explican sus vivencias con sus clientas, la mayoría mujeres de entre 30 y 50 años

El trío se ha convertido en uno de los regalos más caprichosos de las parejas del siglo XXI

“Sé lo que estás pensando. Yo soy Julian Kay y mi trabajo es el placer”. Son palabras que mencionó Richard Gere en ‘American Gigolo’. El actor americano abrió con aquella película un universo de fantasía para millones de mujeres y dio a conocer el mundo de los acompañantes de lujo. Prostitución masculina de alto ‘standing’ que es toda una realidad.

“He estado con mujeres más atractivas en mi trabajo profesional que en la vida real”, afirma David Sanz, que trabaja como gigoló desde hace un año. “La gente acostumbra a pensar que las mujeres que solicitan nuestros servicios son mujeres mayores y desagradables. Sin embargo, la mayoría son mujeres con un alto nivel adquisitivo que quieren sentirse queridas y escuchadas”. Esteban, de origen argentino, lleva más de 10 años en el negocio y en sus actividades ha conocido chicas de todos los perfiles. Por eso introduce un matiz a las palabras de David: “Cuando vas a trabajar, estás expuesto a acostarte con mujeres que no sean agraciadas, ya que las más guapas no necesitan pagar dinero para tener un acompañante”.

Ambos gigolós coinciden en que la mayoría de las mujeres que solicitan sus servicios tienen entre 30 y 50 años. “Hace años, los hombres contrataban a otros hombres para sus mujeres. Ahora son las mujeres quienes contratan a hombres para ellas. Las mujeres están cambiando su forma de ser, ya no piden permiso a sus maridos para ser felices”, explica Cristian, propietario de la agencia Elite Male Models.

El servicio más solicitado: los tríos

Cristian afirma que “una de la fantasías más comunes en la clientela es la del ‘cornudo’, donde al hombre o a la mujer les gusta mirar al acompañante masculino acostándose con una de las partes de la pareja”.

El trío se ha convertido en uno de los regalos más caprichosos de las parejas del siglo XXI. “Hay muchas mujeres que le regalan un trío a su pareja con una mujer para que el hombre invierta el regalo más tarde”, explica David.

Aunque pueda parecer que las clientas buscan profesionales para abrir su imaginación a las prácticas más extremas como el sadomasoquismo, la mayoría de ellas solo buscan tener relaciones sexuales sin compromisos. “Es duro sentirse sola todo el tiempo. Muchas de mis clientas fijas solo buscan ser escuchadas por otra persona”, comenta David mientras responde a una de sus clientes por WhatsApp.

El primer contacto entre una clienta y un gigoló es a través de webs de anuncios o de una agencia. En ese contacto hay bromistas y curiosos. Sin embargo, “se diferencian rápido”, comenta Esteban. Según los acompañantes, una mujer nunca solicita un servicio con menos de una semana de antelación. “Las mujeres necesitan reflexionar antes de acudir a la cita. Además, los bromistas acostumbran a preguntar datos irrelevantes como la medida del miembro del acompañante”, señala Sanz.

Los viajes es otro de los servicios más solicitados. “Un fin de semana envié a uno de mis acompañantes a Varsovia todo el fin de semana”, indica Cristian. Hay muchos clientes que solicitan los servicios de un acompañante para no viajar solos. “Un 80% de las peticiones que llegan a mi agencia son de compañía. Hay clientes que han pagado 10.000€ y no se han acostado con la chica”, explica. “Hay clientes que piensan que todo en la vida vale dinero y contratan a chicas para que los escuchen durante horas” afirma.

Nadie sueña con ser gigoló de mayor

Esteban, el gigoló más veterano y uno de los más conocidos de Barcelona, explica que quería ser profesor de educación física pero los planes no son su punto fuerte. “Cuando decidí irme de Argentina vi que necesitaba dinero y la asistenta social me recomendó trabajar como anfitrión en un club de estriptís de Buenos Aires. Allí acompañaba a las chicas pero no mantenía relaciones sexuales. Cuando llegué a España empecé a trabajar también como modelo publicitario y me ofrecieron trabajar como acompañante masculino. Allí empezó todo”.

David conoció el oficio a través de otro gigoló que le ofreció los clientes que pedían el servicio de tríos, ya que él no lo realizaba. A partir de ese momento, Sanz lleva una doble vida que le hace mentir continuamente. “Debo estar mintiendo constantemente porque hay veces que tengo servicios en medio de una cita. Nadie de mi familia ni mis amigos conocen mi segundo trabajo”.

Cristian descubrió el mundo de los acompañantes en una fiesta. “Yo estaba bailando cuando una mujer me ofreció dinero por acostarme con ella. Allí pensé: ¿por qué no crear un negocio con esto?”, explica.

Las tarifas las seleccionan los acompañantes

“Yo no soy nadie para decirle a alguien qué vale”, señala el propietario de Elite Male.

Pero no todo en el trabajo de los gigolós es miel sobre hojuelas. Esteban admite que en alguna ocasión surgen turbulencias. “Una vez me encontré una señora en Madrid que cuando me iba empezó a llorar, recriminándome que solo la quería porque me estaba pagando. Empezó a lanzarme los platos de su comedor y amenazarme. Tuve que ir a denunciarla y explicar a la policía el problema que había tenido”, recuerda.

La privacidad es uno de los elementos clave en la relación entre acompañantes y clientes. En las agencias existe un contrato de confidencialidad que comporta una sanción monetaria si una de las partes lo incumple. Además, la agencia protege a sus integrantes mediante dos normas: está prohibido dar información personal y no puedes pedir o hacer nada que no se haya pactado en el plan inicial. “A veces me llegan nombres de clientes que he visto el día anterior en los créditos de una serie de Netflix”, explica Cristian riendo.

Una lista negra a quien incumpla las normas

Existe una lista compartida entre todas las agencias de acompañantes que protege a nuestros clientes y a nuestros acompañantes. El oficio de escort tiene una parte muy oscura. Esta parte oscura se refleja en la ‘blacklist’. Una lista negra donde se anotan los nombres de los acompañantes y los clientes que no siguen las normas. Cuando alguien entra en esa ‘blacklist’ no puede volver a solicitar o ofrecer servicios en una agencia de acompañantes de lujo.

“Yo ya no envío acompañantes a Dubái porque los policías de allí se hacían pasar por clientes y violaban a las escorts femeninas. Los clientes españoles tampoco son aconsejables porque intentan aprovecharse de las chicas”, expone Cristian.

Los acompañantes también deben realizarse análisis cada tres meses y tienen prohibido acostarse sin preservativo para proteger la salud del cliente y de sí mismo. “Nosotros llevamos un informe exhaustivo de análisis. En la actualidad, hay más inseguridad en una cita de Tinder que en una con un gigoló” explica David.

¿Qué es lo más buscado en internet a media noche?…no es lo que piensas ” El Confidencial”

El equipo internacional de Data de Yelp ha revelado cuáles son las búsquedas de los españoles en Yelp a partir de las 18:00 horas. El resultado por franjas horarias arrojado por la plataforma, además de demostrar que buscamos ‘tapas’ a todas horas, también presenta a los habitantes del territorio como personas llenas de buenos propósitos y evidencia el complicado contexto laboral actual.

A las 18:00, la tarde comienza con un café. El término ‘cafetería’ es el más buscado en esta franja horaria, seguido por la palabra ‘correos’. Tras el primer recado, a las 19:00, la plataforma online de reseñas registra un pico representativo y llamativo de búsquedas por ‘agencias de empleo’ y ‘muebles’, a la vez que aparece la primera preocupación por la salud, siendo ‘gimnasio’ el tercer concepto con más búsquedas.

Las ‘tapa’” están siempre entre los cinco primeros puestos de cualquier franja horaria, pero en la de las 20:00 ocupa la primera posición. Sin embargo, a las 21:00 le rebasa ‘kebab’, superando incluso a la ‘pizza’. El éxito de este elemento de la cocina turca fue clave en la proliferación de los puestos itinerantes de comida, como los ‘food truck‘ –vehículos itinerantes que sirven comida–.

La primera franja con un resultado sorprendente empieza a las 22:00. Y es que parece que los españoles se preocupan mucho por su salud cuando llega la noche, pues ‘dermatología‘ es lo más consultado a esa hora. A las 23:00 hay un repunte del ocio con ‘bares’ y ‘pubs’ a la cabeza de la lista, pero a las 00:00, de nuevo, lidera el interés por el bienestar físico con ‘clases de natación’.

Los últimos coletazos de la noche revelan que las ‘tiendas de alimentación’ abiertas hasta bien entrada la madrugada es lo que triunfa a las 01:00. Con ello, los resultados del equipo de datos de Yelp demuestran el uso de estas plataformas como un servicio para la búsqueda de todo tipo de negocios, no solo para el tiempo libre y de ocio. Este es el resumen de los resultados:

18:00 – “Cafeterías”, “correos”
19:00 – “Agencias de empleo”, “muebles” y “gimnasio”
20:00 – “Restaurantes”, “tapas”
21:00 – “Kebab, pizza”
22:00 – “Dermatología”
23:00 – “Pubs” y “bares”
00:00 – “Clases de natación”
01:00 – “Tienda de alimentos

5 fantasías sexuales que deberías cumplir antes de morir “El País”

1. Hacer un trío

“Podíamos haber tenido más sexo, pero no había gente suficiente”, dijo en una ocasión Woody Allen que, en otro momento, añadió “el sexo entre dos es algo hermoso, pero entre cinco es fantástico”. Hacer un trío es una de las fantasías sexuales más comunes entre hombres y mujeres. Una consecuencia lógica para cualquier mente mínimamente inquieta y con ganas de darle la vuelta a las cosas, que puede fácilmente preguntarse cómo será el sexo con la introducción de un tercer personaje. En las parejas de larga duración y con cierta curiosidad erótica, la perspectiva de un trío aparece antes o después, debido al hecho de que el número dos, que generalmente se aburre solo, tiende siempre a expandirse. Tras un cierto tiempo, la pareja tiene hijos, sobrinos, perros, gatos o nuevos compañeros de cama. Existen un sinfín de artículos que avisan de las reglas a establecer a la hora de hacer un trío. Yo solo soy partidaria de dos básicas: sexo seguro –preservativo– y evitar hacerlo con alguien al que nos unan ciertos vínculos afectivos. Lo demás se verá sobre la marcha, puesto que reglas y prohibiciones tenemos ya de sobra.

Están también los apocalípticos de este tipo de prácticas, que predicen un futuro de caos y destrucción y el fin irremediable de la pareja, en el caso de que la haya. Créanme, a la mañana siguiente el aire sigue siendo respirable y la Tierra gira en su misma órbita. Y si la experiencia ha sido gratificante, el paso siguiente es incluir a más individuos en la relación. Los swingers sostienen que el sexo en grupo nunca ha hecho que un mal matrimonio sea bueno, pero sí ha conseguido que un buen matrimonio sea mejor, además de ser un amplificador de las sensaciones que se tienen cuando se mantienen relaciones con una sola persona y además, según ellos, nos enseña complicidad y tolerancia.

2. Probar con una persona de tu mismo sexo

En el sexo, como en todos los ámbitos de la vida, uno puede ir en plan turista, buscando principalmente la seguridad, el confort y la ausencia de problemas, o hacerlo a la manera de los viajeros, donde la incertidumbre, la incomodidad, el polvo y los imprevistos están a la orden del día, pero también las experiencias más vivas y menos artificiales. Los que elijan el camino cuesta arriba llegarán más cansados, pero tendrán también mejores vistas, una vez alcanzada la cima. Si entendemos la sexualidad como un viaje y no como una excursión organizada, es muy probable que, en algún momento de nuestras vidas, nos preguntemos qué hay detrás de la valla de la heterosexualidad y queramos probar una experiencia con alguien del mismo sexo. Según un artículo del Huffington Post titulado 11 Cosas que siempre quiso saber sobre el sexo lésbico y nunca se atrevió a preguntar, el 80% de las mujeres heterosexuales ha tenido fantasías lésbicas.

Muchas que quisieran poner en práctica esta idea contarían con la aprobación de su pareja, a la que generalmente le pone pensar en su novia haciéndoselo con otra chica –¿cuántas mujeres aprobarían que su novio se lo hiciera con otro hombre?–. Además, casi todos podemos imaginar y predecir lo que va a ocurrir en una relación sexual hombre-mujer, incluso hombre-hombre, pero es más complicado visualizar lo que pasa entre dos mujeres, si una no lo ha experimentado antes. Lo único predecible es que la lengua, manos e imaginación serán, en principio, las armas disponibles para reemplazar al omnipresente falo. Hace años escribí un artículo sobre amor entre mujeres y hablé con muchas. Algunas eran homosexuales puras, otras bisexuales y otras habían pasado por épocas heteras u homo, alternativamente. Pero recuerdo que dos de las que habían mantenido relaciones con hombres me comentaron que tuvieron su primer orgasmo con el sexo lésbico, que les aportó una considerable dosis de sensualidad y les ayudó a conocer a fondo el cuerpo femenino.

3. Practicar el sexo con alguien que no hable ni una sola palabra de tu idioma.

Durante años hemos escuchado el mantra de que la comunicación es la base de una buena relación, pero no todo el mundo está de acuerdo con eso. Por lo pronto, la psicóloga norteamericana Sue Johnson, especializada en la terapia focalizada en las emociones, lo que los anglosajones llaman ETF (Emotionally Focused Therapy), y autora del libro Abrázame fuerte: Siete conversaciones para un amor duradero (Urano, 2009) sostiene que los cimientos para una buena armonía en la pareja pasan por establecer una conexión emocional segura y fortalecer el vínculo afectivo. Johnson describe en su obra cómo en sus inicios como terapeuta de parejas se dio cuenta de que éstas no querían ser razonables y que el amor tenía más que ver con cosas no negociables ni lógicas que con argumentos intelectuales.

Las emociones pueden expresarse de palabra, pero parece que no es tan importante lo que se dice sino cómo se dice y, de la misma forma que a los bebés no solo hay que comunicarles que se les quiere sino que es más importante abrazarlos, tocarlos, jugar con ellos y demostrarles nuestro afecto, más con hechos que con palabras, lo mismo nos ocurre a los adultos.

En un artículo de 2forcouples.com, titulado Lovers who speek different languages (literally), el escritor canadiense Mark Moyes relataba sus experiencias cuando fue a vivir un tiempo a Japón y conoció a una japonesa con la que intimó. El completo desconocimiento de la lengua del otro, convirtió la relación de pareja en una película muda o, como mucho, en una de Tarzán en la que los diálogos se reducían a la frase “yo Tarzán, tu Jane”, pero la falta de entendimiento, lejos de ser un impedimento para la relación o para el sexo, como reconoce Moyes, fue más bien una ventaja. El escritor aprendió mucho sobre comunicación no verbal y, como cuenta en el artículo, “el amor y sus más primitivos elementos: actitud protectora, ternura, intimidad… crecen más rápido cuando uno no puede protegerse detrás de las palabras. Cuando solo eres algo”.

Cuando no hay vocabulario, hay que recurrir a otro lenguaje, generalmente más rico y que todos conocemos, y que describe mucho mejor nuestras emociones. ¿Necesitan los dueños de perros, gatos u otras mascotas, una lengua para comunicarse con sus amigos más fieles? Yo más bien pienso que si los animales y los humanos tuvieran un lenguaje común, desaparecería toda la magia y la grandiosidad que existe entre un hombre y su perro.

4. Explorar el sexo tántrico

Hace cientos de años los tántricos desarrollaron su doctrina para adquirir un mayor nivel de consciencia y se valieron del sexo porque estaban convencidos de que la sexualidad es la mayor fuente de energía de que dispone el ser humano. Hoy en día, la palabra tantra nos remite automáticamente a la idea de una serie de prácticas sexuales para retrasar la eyaculación y potenciar el orgasmo. “Es lo que se llama neotantra. Una visión parcial de esta filosofía encaminada a mejorar las relaciones sexuales, aunque sus efectos llegan a todos los ámbitos de la vida. Es lo que ocurre con el yoga. Uno puede querer empezar a practicarlo para sentirse más flexible pero sus consecuencias van mucho más allá”, comenta Munindra, maestro tántrico que imparte clases en España en su escuela Tantraway

Según Munindra, “la sexualidad que habitualmente tenemos es bastante inconsciente y, aunque aprendamos cosas nuevas, ésta se rige habitualmente por un patrón demasiado mecánico. Con el tantra podemos hacer que se vuelva algo más consciente, lo que hará que disfrutemos más de ella y que además, a través de nuestras relaciones sexuales podamos empezar a descubrir cosas y crecer en otros ámbitos de nuestra existencia”.

“Muchos de los ejercicios que proponen ahora los sexólogos para mejorar la calidad de las relaciones vienen del yoga o del tantra”, asegura este maestro, “y la mayoría son prácticas sencillas de respiración o control de los músculos pélvicos. En el tantra, como en el yoga, uno elige el nivel en el que quiere trabajar. No hace falta hacerse vegetariano ni retirarse a un ashram para empezar a disfrutar de sus beneficios. Y que nadie piense que los tántricos eran un puñado de gente aburrida que quería retirarse del mundo. Al contrario, lo que ellos pretendían eran ser más conscientes de todo lo que ocurría a su alrededor”.

5. Tener una aventura

Antes que nada aclararé que mi idea de amante se corresponde con la de una persona a la que se ve casi exclusivamente para tener sexo y con el que nos une un vínculo puramente sexual; no hace falta tener pareja para tener un amante, se puede hacer perfectamente estando soltero. Lo interesante de esta propuesta es el hecho de relacionarse con alguien por motivos estrictamente sexuales, sin ánimo de lucro y cuyo fin primordial es rendir culto a la lujuria.

Un compañero sexual sin compromiso con el que explorar las diferentes facetas de la sexualidad es un perfecto entrenamiento para crecer en este ámbito, además de proporcionar una sensación de aventura gracias a los encuentros en lugares poco comunes, la puesta en práctica de nuevas posturas, las visitas imprevistas a altas horas de la madrugada y demás ideas que vayan surgiendo por ambas partes.

“El amor es el ingrediente secreto del sexo”, le decía una amiga a la protagonista de Nymphomaniac. Cierto, pero también es verdad que muchas veces el amor, o esa equivocada idea que a menudo se tiene del enamoramiento, nos ha impedido disfrutar del sexo todo lo que deberíamos, probablemente fijando la atención, única y exclusivamente, en satisfacer al otro.

En un artículo de Suzanne Braun Lavine titulado 8 Reasons why sex is better after 50 dedicado a las mujeres, la autora enumera en segundo lugar que “se puede separar el sexo del amor”. En este apartado Suzanne subraya cómo “antes de los 50, la mayor parte de las mujeres invierte muchos años en mitos románticos –como unir sexo, matrimonio y amor–, pero cuando se entra en la segunda edad adulta, la experiencia y la independencia que traen los años hace que muchas mujeres empiecen a separar sexo de compromiso, lo que les hace diseñar a su gusto sus encuentros sexuales, ya sea con conocidos, amantes o amigos con derecho a roce y disfrutar de su sexualidad, sin más”. La buena noticia es que con un amante no hay que esperar a cumplir esa edad.

NEUS ARQUÉS, autora de “UN HOMBRE DE PAGO”

Entrevista de Nuria Escur, contra de la Vanguardia,  lunes 27 de marzo de 2006

 

Alguna advertencia inicial?–Una: aunque en el libro apa-rezcan un gigoló y una clienta, eleje de mi reflexión no es la prostitución masculina. Es la in-vi- si-bi-li-dad de algunas mujeres maduras.–¿Por eso el fenómeno va en aumento?

–Sí, pero no se habla de ello. Cuando em- pecé a preguntar, me quedé sorprendida. Re- sultó que ninguna de mis conocidas había contratado a un gigoló y decían no conocer, tampoco, a nadie que lo hubiera hecho. De modo que tuve que trabajar a fondo.

–Se ha especializado usted en tabús.

–Éste, en concreto, creo que es inaparca- ble. Existe. Cada vez habrá más mujeres más solas, con más dinero y con ganas de no dejar escapar ningún tren. Yo lo único que quiero es que hablemos de ello, no que estemos nece- sariamente de acuerdo.

–¿No buscamos referencias biográficas?

–De momento no necesito los servicios de un gigoló, pero llegado el caso…, ¿por qué no?

–¿Qué le generó más curiosidad?

–Que había un mercado, existía oferta y desconocíamos la demanda. Después de mucho buscar contacté con una mujer-cliente.

–¿Y cómo era esa mujer?

–No tenía nada que ver con el prototipo que yo tenía en la cabeza. Yo imaginaba una dama adinerada metida en un coche negro, con chófer y un caniche para pasear por la Diagonal. Y me encontré una profesional liberal de unos cincuenta años, sola y libre.

–¿Cómo llegan a tomar esa decisión?

–Es una decisión que las mujeres toman de modo discreto pero compartido. En el libro es la esteticista de la protagonista quien cumple ese importante papel de confidente.

–Sé que no ha hecho un estudio de mercado en Barcelona, pero… ¿cómo son sus gigolós?

–El recurso para descubrirlo es tan fácil como buscar por internet. Hasta donde yo sé, hay muchos latinoamericanos alrededor de los treinta años. Las agencias buscan el perfil que solicita la mujer, incluso sus estudios o la condición social que ellas reclaman.

–¿Y qué es lo que no pide ella?

–Medidas. En los anuncios de periódicos tú puedes leer “pechos desbordantes”, pero un gigoló acompañante no se anuncia como “polla inmensa”, porque no es lo que más preocupa a sus posibles clientas.

–¿Qué ha aprendido usted?

–¡Que mucha gente tiene ganas de hablar! Me sugieren cosas inimaginables. Un chico me escribió preguntando cómo podía hacerse gigoló, algún listillo me ofrece sus servicios. Otros me proponen otro final de libro, con boda incluida.

–Y le preguntan por el bar Hemingway.

–¡Y eso que no existe! Se deben de confundir con el Majestic. Y en el blog escriben tres veces más hombres que mujeres. Yo creo que nuestros hombres sienten curiosidad y… un punto de nerviosismo.

–¿No nos miran a partir de los 40?

–Pues creo que muchas coincidimos en percibir que entramos en una época singular. Invisible. Parece que no interesamos. A algunas, el marido se les va con una más joven, como es el caso de uno de mis personajes, otras pierden autoestima… ¿Qué nos pasa? ¿Cuál es la solución?

–¿La prostitución masculina?

–Tener un gigoló es una de las soluciones. Hay quien se apunta a bailes de salón… Lo realmente inquietante es que montones de mujeres ref lexionen pero no hablen.

–¿No le parece una pobre opción?

–Primero: es una elección personal e intransferible. Segundo: si resuelve un problema, la considero una elección lícita.

–¿Qué piensa de las medidas tomadas en Barcelona con la prostitución femenina?

–Me gusta que hayan puesto el tema sobre la mesa, pero no estoy segura de cuál es la manera eficiente de resolver el problema. Future Solution

–¿Las mujeres cambian mucho de gigoló o buscan a alguien fijo?

–La que yo conocí cambió al principio. Luego se relacionó más con uno… y ahí es donde surge lo que yo creo que es el gran problema de la prostitución masculina.

–Ella va y se enamora…

–Las mujeres seguimos sin saber separar bien sexo y amor. Debe de ser por una mezcla moral, cultural y hormonal. No conozco ninguna mujer que se vaya a la cama con un hombre y no se levante un poco enamorada. Aunque se le pase con las horas. En cuanto empiezan a sentir cierta dependencia por su gigoló, se estropea el invento.

–A la inversa no ocurre a menudo.

–Porque el hombre busca una solución real, rápida, puramente sexual. La mujer, casi siempre, además de –o más que– sexo, lo que busca es alguien que la acompañe, con quien pueda hablar, compartir, cenar, ¡que la escuchen! Ése es el gran riesgo emocional.

–Prohibidas la dependencia y la expectativa.

–Por eso la palabra gigoló me gusta más que prostituto, pero todavía es más acertadaacompañante. El mundo del deseo femenino es mucho más complejo que una cama.

–¿Cuánto cuesta una noche de capricho?

–Es caro. Porque el acompañante no cobra por servicio sino por salida. Eso incluye todos los gastos desde que te viene a buscar, pasando por la cena o el espectáculo, y acabando bastantes horas más tarde, con sexo o no, con o sin hotel. Se llega a 900 euros.

–¿Se arrepienten luego?

–Por lo que ellas me explican, todo lo contrario. Se sienten libres en esa relación, se de- jan hacer, no tienen que pensar en la satisfacción de él… Pueden abdicar.

–¿Se meten en terrenos desconocidos?

–Algunas se inician por primera vez en téc- nicas sexuales que en su vida habían proba- do. Acostumbran a decir que tocan el cielo.

EL DEBATE

Todo empezó con una cena de amigas de la misma generación. Una lanzó al aire una pregunta de común interés: “¿Cómo lo vamos a hacer cuando ya nadie nos quiera?”. Alguien respondió: “Pagando…”. Se hizo el silencio. A la sombra de esa incógnita nació, sin ánimo de postular ni de juzgar, sólo de saber, ‘Un hombre de pago’ (Maikalili Ed.). Convertidas en un fenómeno interactivo (www.unhombredepago.com), las ref lexiones de Arqués han generado desde tertulias hasta catálogos de ropa interior. Al fondo de la sala está Steve, el marido de Neus, que aún no ha leído el libro. Llegó de Seattle para llevarse a esta mujer. Promete hacer sus deberes y una constructiva crítica a la obra. Mujeres, miedos y deseos invisibles pueden ser el inicio de un debate pendiente.

Las razones que llevan a una pareja a una experiencia swinger “El Espectador”

El miedo a una relación afectiva profunda o la búsqueda de sensaciones novedosas empujan a los matrimonios al intercambio de parejas, un práctica, no obstante, minoritaria.

Es una práctica que suelen llevar a cabo matrimonios que son “más compañeros de piso” que otra cosa y que se aventuran a este tipo de relaciones porque en el fondo tienen miedo a una relación afectiva profunda, según el psicólogo y sexólogo Esteban Cañamares, quien en entrevista a EFEsalud nos ofrece las claves del perfil de estas personas, conocidas por el nombre de “swingers”, una expresión que puede traducirse por los que se columpian, es decir que están abiertos a todo.

 Según Cañamares, es “habitual” que las personas que buscan este tipo de relaciones necesitan tener un pie dentro y otro fuera de la relación, no se atreven a mantener un compromiso afectivo profundo, y “se suele dar en personas que han sido maltratadas por sus padres”.

 

Y esto es así porque “la persona que me quería, me cuidaba era también un peligro y así que ahora que me relaciono con alguien que me da cariño, ternura, tengo un pie fuera por si tengo que salir corriendo, es decir no pongo todos los huevos en la misma cesta”.

“No puedo creer ni confiar al cien por cien en esa persona, no sea que después me traicione, me agreda , me ataque… invierto la mayor parte del tiempo en ti, pero tengo a alguien de reserva”.

Más abiertos de mente

El psicólogo Enrique García Huete considera que se trata de personas más abiertas de mente que la mayoría, buscadores de novedades y sensaciones.

Hay una teoría en la que se categorizan seis grandes estilos de amar: lúdico, erótico, pragmático, amistoso, altruista y obsesivo.

El estilo de amor lúdico es el de variación y cambio, son los llamados picaflores. Pero un lúdico puede dejar de ser picaflor si tiene los estímulos y novedades que su cuerpo necesita.

Cuando se encuentran dos lúdicos, y sus valores no conservadores son similares, es entonces cuando puede plantearse un intercambio de parejas porque necesitan salir de la rutina. Pero en principio no hay una patología de base.

Sí se han dado casos de alguna persona que accede al intercambio porque su pareja se lo pide, y en ese acceder si puede haber un trastorno por dependencia.

 Con acuerdo no hay problema

Cuando en la pareja, tanto el uno como el otro están de acuerdo, “en principio no hay ningún problema, y suele funcionar durante muchos años”, pero funciona siempre que haya algo que no rompa ese equilibrio, o que a uno de lo dos no le suceda algo, como por ejemplo una dolencia, y no quiera seguir con la historia porque lo que busca es una relación afectiva, busca seguridad, no más intercambio, coinciden ambos psicólogos.

Pero es un tipo de relación que puede ser estable si es de común acuerdo. Y es un “tópico que los hombres son casi siempre quienes arrastran a las mujeres a este tipo de relaciones, ellas son tan adictas y partidarias a este tipo de relaciones como ellos”.

Según Cañamares , los daños psicológicos “son enormes” cuando una de las personas no está de acuerdo con el juego y está sufriendo porque se siente forzada, porque no se atreve a romper.., o antes de entrar en ese juego la pareja se rompe. Solamente puede funcionar con cierto éxito si las dos personas tienen esa misma necesidad de que aparezcan terceras personas”.

Si se trata de un tema impuesto por parte de uno de los miembros de la pareja, estas relaciones producirán celos y la pareja terminará rompiéndose.

Mente y genitales

“Tiene que haber un acuerdo, mas mente y genitales y el corazón fuera”, porque las relaciones con terceras personas no suelen ser relaciones afectivas sino puramente sexuales.

Observa Cañamares, que no obstante sexo y afecto siempre están mezclados, porque cuando una persona te desea , te toca, te acaricia, por un segundo se tiene la fantasía de que te quiere aunque sepas que no es así…

 En realidad, los swingers buscan ese amor maravilloso que nunca tuvieron y como no lo encuentran pues al día siguiente vuelven a repetir la operación.

Pero no hay muchas consultas al psicólogo en relación a esta temática, primero, insiste Cañamares, porque es residual; y segundo, porque normalmente lo aceptan los dos miembros de la pareja y los casos que conocemos es porque uno de ellos acude a nosotros pero por otras razones, por ejemplo por una depresión, y lo sabemos porque nos cuentan su vida en conjunto,

No obstante, señala el psicólogo, con la mochila cultural que tenemos lo normal es no aceptar la propuesta de tu pareja para esos intercambios, y por eso se pueden contar con los dedos de las manos quienes practican el intercambio consentido de parejas.

La infidelidad

Para Cañamares la relación con terceras parejas “no es un remedio contra la infidelidad”, porque ademas si se está con otra mujer y no es algo genital sino afectivo, entonces eso si es infidelidad y produce celos, el intercambio de parejas no es afectivo.

En la infidelidad, en cambio, si es frecuente que haya una tercera persona, que otro miembro de la pareja desconoce.

“Y lo primero que hay que decir es que infidelidad las hay de muchas clases no solo de tipo genital..Si tu estás en el hospital enferma y no voy a verte es una infidelidad, si dedico mi tiempo y mi esfuerzo a mi familia pero no a tu pareja, eso es una infidelidad también….

Sobre este asunto , Enrique García Huete también considera que no es un remedio contra la infidelidad y recuerda que lo lúdico está en la base de lo que ha sido la supervivencia de los mamíferos superiores y que normalmente una relación no suele durar más de tres años, entre el cortejo , la fecundación, el embarazo y el cuidado de la cría.

Pero una vez pasada esa época muy basada en los biológico-hormonal, la relación pueda acabarse si aparece un macho más “poderoso” o una hembra mejor.